Desde su primera carrera hasta las pruebas más exigentes
Gregorio Paltrinieri tenía siete años cuando participó en su primera carrera, una distancia mínima comparada con las que más tarde lo harían famoso. Con los años, ese niño se convirtió en especialista en algunas de las pruebas más exigentes de la natación: los 800 m, los 1.500 m y, más adelante, la maratón de 10 km en aguas abiertas.
Son carreras en las que no basta con ser rápido. Hace falta resistencia, paciencia y una capacidad poco común: mantener la cabeza fría cuando el cuerpo te pide parar. Ahí fue donde Gregorio forjó su identidad.
Tokio: medallas contra todo pronóstico
La carrera de un campeón suele verse como una línea recta de récords y victorias. La de Paltrinieri también ha tenido momentos difíciles. El más duro llegó antes de Tokio: contrajo mononucleosis justo cuando se preparaba para el momento más importante de su carrera. Su cuerpo estaba debilitado, los entrenamientos se volvieron inciertos y las expectativas seguían por las nubes.
Llegó a los Juegos lejos de su mejor forma y, aun así, subió al podio dos veces. Entonces entendió algo fundamental: las carreras no solo se ganan cuando uno se siente perfecto. A veces se ganan cuando logras mantenerte firme mientras todo a tu alrededor tambalea.
Elegir el mar y defenderlo
En los últimos años, Gregorio ha elegido cada vez más el mar. No hay pistas ni referencias, solo agua, corrientes y otros atletas luchando por un espacio. Para él se ha convertido en un nuevo horizonte.
El mar es impredecible: olas, temperatura, viento. No hay dos carreras iguales. Y a lo largo de esos kilómetros empezó a notar algo que ya no podía ignorar: plásticos, microplásticos y un agua cada vez más caliente. En algunas competencias, dice, la temperatura es tan alta que parece un jacuzzi. Una señal de alarma que lo empujó a actuar también fuera de la competencia, apoyando iniciativas para concientizar sobre la salud de los océanos. Porque quien pasa la vida en el agua, tarde o temprano, siente la necesidad de defenderla.
La lección que comparte: el progreso también se construye con las derrotas
Cuando habla con estudiantes y jóvenes deportistas, Paltrinieri insiste en una idea: en el deporte se habla demasiado de quienes ganan y muy poco de quienes pierden. Y, sin embargo, en la derrota están algunas de las lecciones más profundas.
Los errores, las malas carreras, los días torcidos: eso es lo que de verdad forma a un atleta. La fuerza no está en ganar siempre. Está en volver al agua al día siguiente.


