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La natación como antídoto contra el estrés

La natación como antídoto contra el estrés

Despertador, auto, taco, smog, computador, plazos, filas, apuros, el supermercado, atrasos…

Podríamos seguir la lista por horas, pero eso solo haría que el estrés aumentara más y más.

El estrés es una de las principales causas de trastornos como la ansiedad, problemas de sueño y de apetito, sensación de cansancio o irritabilidad.

También puede provocar molestias físicas como hipertensión, problemas cardíacos o úlceras, e incluso debilitar el sistema inmune.

Cómo la natación puede combatir el estrés

La natación puede ser una aliada útil y eficaz

Desde el comienzo de la vida, nuestro cuerpo está sumergido en el líquido amniótico, que nos mece y nos alimenta.

Ahí casi no hay ruidos, salvo el latido del corazón de nuestra madre. Por eso, entrar al agua es, de alguna manera, volver a los orígenes. Silencio, sensación de flotar y escuchar tu propio ritmo: por fin, un poco de paz.

Deja los pensamientos atrás. No lleves el celular en el bolso: guárdalo en el casillero.

Haz que tu rato en la piscina sea el momento de “desconectarte”, dejando fuera del agua las presiones del día.

Cómo actúa la natación en nuestro cerebro

Un estudio con unas 40.000 personas, publicado en el British Journal of Psychiatry, mostró que la actividad aeróbica, y en especial la natación, ayuda a liberar la mente del estrés, aliviando la ansiedad y el nerviosismo.

Nadar estimula la producción de endorfinas: mejora el ánimo y aumenta la resistencia al dolor. Además, nadar con regularidad puede ayudar a reducir la tensión y los bajones de ánimo, gracias al efecto de masaje profundo y rítmico del agua.

Tu organismo entra en un estado de relajación profunda, lo que puede mejorar la concentración.

Y después del esfuerzo y la relajación muscular que aporta el agua, también es habitual dormir mejor.

Consejos prácticos para tu sesión

Si ya eres un nadador con experiencia y te mueves con soltura, ve a la piscina al menos dos veces por semana, durante no menos de 40 minutos.

Si puedes, hazlo en la mañana, antes de empezar el resto del día. Si no, al final de la tarde también está perfecto, antes de volver a casa.

Si, en cambio, llevas poco tiempo nadando o todavía no te sientes seguro por tu cuenta, inscríbete en un curso con un buen profesor.

Los consejos que recibirás y la constancia que te “marcará” el curso (dos veces por semana es lo ideal) mejorarán no solo tu técnica, sino también tu confianza y tu motivación.

Un ejercicio para terminar

Al final de la sesión, téndete boca arriba en forma de “estrella”. Pon un tallarín de piscina bajo las rodillas y otro bajo el cuello.

Estira la espalda por completo, sobre todo la zona lumbar. Relájate al menos un minuto, con los ojos cerrados si quieres, y déjate mecer suavemente por el movimiento de las pequeñas olas y el sonido del agua.

Una buena ducha, una buena comida y ¡hasta el próximo artículo!

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